El posicionamiento de una marca o empresa.

agosto 24, 2015

Hoy vamos a hablar de posicionamiento. No, no tiene que ver con estrategia SEO ni cosas que tengan que ver con el marketing online. Tiene que ver con algo que roza lo filosófico-existencial. En esencia, el mantra de la empresa.

¿Que no sabes qué es el mantra? Tampoco sabes si las empresas o marcas lo tienen? Bueno, no soy partidario de poner el ejemplo antes de la explicación teórica pero como vamos a hablar de algo que sucede en la cabeza del consumidor nos será de gran ayuda. Y es que la filosofía de marca, parafraseando al gran Mark Hanna en The Wolf of Wall Street, no es una cosa que se pose, que se pueda tocar, no es tangible.

menteConsumer

Si os dijese que ahora mismo me apetece un refresco de cola, en qué marca pensaríais? Y si hablasemos de cuchillas de afeitar? Y si estoy en el centro de una ciudad europea y me apetece un café? CocaCola-Gillette-Starbucks? Vale, quizás Pepsi o Wilkinson, pero en esencia, esa reacción en la mente que se produce cuando alguien tiene una necesidad y la primera palabra que se le viene a la mente para sustituirla es una marca, entonces, se habrá conseguido el Santo Grial de los negocios: el posicionamiento de una marca.

Normalmente, el funcionamiento es a la inversa: Nace una empresa. Hace cosas para satisfacer a clientes. Cada vez hace más cosas para sustituir a más clientes, o pretende llegar a más clientes con las mismas cosas. Se da cuenta que es más rentable por costes o por mercado en solo ciertas áreas de todas sus líneas de facturación. Se centra en ellas. Saca incluso marcas diferentes bajo productos bastante similares. La gente empieza a conocer cada vez más y más esa marca porque hace mejor que la competencia cierta cosa. Y así hasta que el consumidor lo asimila en su cabeza.

Y no me vengáis con ejemplos en la cola de la distribución de Poisson como puedan ser 3M o Google. Esos son excepciones que no han de cogerse de ejemplo a la hora de posicionar una marca en la mente del consumidor. Debemos hacer siempre una cosa, solo una, excepcionalmente bien, y mejor que la competencia a ser posible, para poder esperar que el cliente la posicione en su mente.

Me entristece cuando alguien habla de marketing y alude continuamente a la segmentación de mercado. Segmentar no debe confundirse con posicionar. Puede haber causalidad, puede haber correlación, puede haber solapación entre segmentación y posicionamiento pero nunca son lo mismo. La segmentación de mercado alude a la capacidad que tiene una empresa para dividir el mercado al que se dirige en otros más pequeños a fin de atender las necesidades semejantes en base a ciertos criterios de cada segmento para vender más. El posicionamiento es más bien un ejercicio de puertas para dentro en la empresa para tratar de hacer magia en la cabeza del consumidor y que su marca sea la primera en venir a la cabeza para iniciar el proceso de compra.

Veámoslo con otro ejemplo: Ryanair.

Segmentación: Ryanair cobra más por servicios “extra” a la gente con más renta disponible que otras aerolineas. Véase equipaje extra, escoger asiento, embarque prioritario, etc, son cosas que en otras compañías pueden no costar un céntimo y Ryanair lo vende a precio de oro. Por qué? Entienden que el segmento de gente que no tiene tiempo ni ganas de preocuparse por esas cosas suele ser el que tiene mayor predisposición a pagar más por disfrutar de servicios extra.

Posicionamiento: Necesito viajar barato de Madrid a Munich. -> Ryanair.

Parece más simple el posicionamiento que la segmentación? Pues nada de eso. Posicionar una marca suele ser un trabajo de años de marketing, publicidad, constante lucha por ser la pionera en algo,… es una batalla encarnizada con la competencia por tu mente. Las empresas, como si de un buscador en Internet se tratase, llevan años gastándose miles de millones por hacer aparecer primera a su marca en tu mente cuando busques o necesites algo. Piénsalo.

A la hora de arrancar un negocio, mucha gente se pierde y se disipa en querer vender mucho a mucha gente. Error! Eso es lo fácil. Céntrate en vender un producto o servicio a un segmento “mejor” que el resto y estarás posicionando tu empresa/marca. El resto te convertirá con el tiempo en un bazar chino. Y por “mejor” se entiende, entre otros:

  • Tener mejor relación calidad/precio que la competencia
  • Ofrecer un servicio postventa mejor
  • La exclusividad de la marca
  • Ser más barato que la competencia

Entonces, la próxima vez que plantees vender algo nuevo, considera mejor cómo el cliente va a ver tu marca/producto/servicio/empresa en su cabeza, y no tanto en querer vender más sin saber todavía qué va a pensar el mercado de él. Implícate en el proceso de venta para ver por qué el consumidor compra tu producto y por qué no.

Imagen: iprofesional


Pon un asesor en tu vida.

agosto 3, 2015

No, no me refiero a un asesor sentimental, o un -tan de moda- coach. Me refiero a la figura del asesor “de toda la vida”. Y es que desde que me dedico con gratuidad a aconsejar a propios y extraños en sobremesas sobre finanzas personales, emprendimiento o mundo laboral, siempre surgen cuestiones del lado de los interesados de las que no puedo dar respuesta.

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¿Qué tengo que hacer para registrar una empresa?, ¿Cómo hago para pedir una subvención?, ¿Cómo calculo una nómina para un trabajador?, ¿Cómo se registra una marca comercial?… y un largo etcétera.

Con carácter general, siempre doy el mismo consejo: contrata un asesor. “Es que quiero aprender a hacerlo yo mismo“, replican. Pues va a ser una pérdida de tiempo, sobre todo en el entorno empresarial. Por qué alguien iba a querer perder tiempo en ponerse al día en saber realizar todo tipo de trámites relacionados con la gestión ordinaria o trámites burocráticos habituales en la vida de una persona? Solo tendría sentido si realmente se quiere dedicar a la asesoría, consultoría y contabilidad.

Al principio, en ese afán de querer arrancar con un proyecto empresarial o a mejorar las finanzas personales, se tiende a dejar de lado una regla de oro: si alguien lo va a hacer mejor que tú y cobrando menos de tu coste marginal de hora de ocio o trabajo, delégalo. Y suele ser el 80 o 90% de los casos.

Nadie sabrá decirte cómo tramitar una subvención de la manera en la que conseguir la mayor probabilidad de éxito, o haciéndola tributar de la manera más ventajosa para tu empresa que un asesor o gestor de empresa que viva de hacerlo y que ya tenga la experiencia. Eso por poner un ejemplo, uno de los muchos que van desde contabilidad personal a trámites de pymes.

Existen asesores que llevan la contabilidad personal y profesional de una persona de manera integral, gestionando patrimonios y empresas, hasta formas de hacer consultas de manera telemática para casos puntuales. El hecho de contratar a un profesional no va de tener más o menos dinero; va de entender que hay ciertos trabajos que es mejor delegar.

Como tampoco te dedicas intentar ser notario para ahorrarte el dinero de la firma del mismo cuando inscribes una empresa en el Registro Mercantil, los buenos gerentes de empresas se dedican a lo que mejor se presupone que saben hacer: satisfacer una necesidad mejor que el resto.

Y ya en el plano más personal, lo recomiendo encarecidamente. En las empresas que he constituido ni me he preocupado de saber qué trámites o qué legalidad tengo que seguir. Para eso ya hay gente y merece la pena hacerlo siguiendo su experiencia, profesionalidad y buen hacer. Ahora que, como en todo, hay profesionales buenos, muy buenos y malísimos; como buen gestor sí es responsabilidad tuya dar con uno bueno y de confianza.

De alguna manera, y ya para cerrar el artículo, que entristece cómo se ha perdido la esencia del empresario y su capacidad para saber qué cosas tiene que subcontratar y cuales puede hacer por él mismo. Hacer de una idea un modelo de negocio rentable debe ser la preocupación de los gerentes de empresa, y los trámites son solo una condición necesaria pero no suficiente para triunfar; nunca te aportarán una competencia distintiva ni el hecho de hacerlos te harán ganar dinero per se.


Anomalías en los mercados financieros; ¿Qué es el efecto enero?

julio 22, 2013

Aunque estemos en pleno verano de 2013, las condiciones climatológicas me hacen pensar que estamos casi en invierno, y ¿qué mes más representativo puede haber de dicha estación que enero?. Todo esto viene de mi intención de mostrar al lector un hecho muy curioso que se produce en los mercados financieros desde hace decenas y decenas de años: El efecto enero.

De todos es sabido que tras los números, cotizaciones, operaciones, ordenadores y órdenes que rigen los mercados financieros están las personas, y estas, por mucho que nos cueste entenderlo,se rigen por patrones psicológicos de conducta. Eso fue, es, y será por los siglos de los siglos. De un modo u otro, y aplicando la Ley de Los Grandes Números, esta conducta racional se traduce a los mercados, provocando en ellos una serie de comportamientos “extraños”. Los puristas de la materia se aventuran a llamar a estos fenómenos anomalías.

Dichas anomalías son de lo más pintoresco: desde que es mejor cerrar posiciones los viernes y abrirlas los lunes por la mañana, hasta que los días de luna llena son los mejores para invertir según ciertos estudios. Hay planteamientos más o menos serios y convincentes pero, si en algo hay unanimidad es en el caso del reconocimiento de la existencia del efecto enero.

Pero ¿Qué es el efecto enero?. En un alarde de originalidad, se utiliza ese nombre para hacer referencia a que la Bolsa, los meses de enero de cada año, tiene un comportamiento susceptiblemente mejor que el resto de meses del año. Tanto para España, como para Europa como para América; para todo tipo de mercados internacionales esta condición se cumple. Ojeemos datos:

A la vista de la información que arroja la tabla superior, el Standard and Poor’s 500, en los 81 años anteriores para los cuales se te ha tomado el estudio, nos indican que enero ofrece una rentabilidad media del 1.4% sobre el 0.8% del resto de meses, y con una desviación típica menor, lo que si cabe es más importante.

Los expertos en la materia ofrecen 4 principales motivos por los cuales este fenómeno se produce en los mercados de renta variable de todo el mundo:

1.- Cierre de presupuestos y balances anuales: Con las cuentas anuales del año anterior cerradas, ahora las empresas tienen que poner en marcha sus planes estratégicos para el vigente año, con lo que posibles lastres de meses anteriores se aparcan a un lado para ver aflorar nuevos proyectos. Como ya sabemos que en bolsa se descuenta todo, esta subida se produciría en enero.

2.- Ventajas fiscales: en diciembre se reajustan las carteras de patrimonio de los individuos, metiendo en muchas ocasiones grandes aportaciones en fondos de inversión, a fin de beneficiarse del tratamiento fiscal que tienen estos instrumentos de renta variable en detrimento de la tributación pura y dura por IRPF.

3.- Fondos de inversión: Los gestores de los fondos no hacen cambios en la composición de sus carteras por miedo a que los reajustes desestabilicen los rendimientos esperados y echen al traste con la reputación de dichos fondos. Por eso suelen esperar a enero, una vez pasado el benchmarking, para hacerse con nuevos activos y despojarse de los que menos rendimiento le han proporcionado.

4.- Factores psicológicos: Para mí, la más importante. Si algo de poderoso tiene una anomalía en un mercado, no es la anomalía per se sino su poder para auto-confirmarse; si en enero de 2014 pensamos que la bolsa subirá (y a la vista de los datos, será mas probable que otros meses para que así sea), iremos todos en masa a comprar, haciendo que el valor de las acciones suba.

Esperemos que el lector tenga buena cuenta de este tipo de sesgos del mercado para sacar provecho de ellos.


El valor de la opción en finanzas o el porqué Florentino Pérez llegó a presidente del Real Madrid

julio 12, 2013

El término “opción” a menudo es usado para referirnos a una cantidad relativamente amplia de conceptos. Incluso en finanzas, si le preguntamos a alguien qué entiende por opción lo más probable es que su respuesta haga referencia o esté encaminada a los derivados financieros.

Y es que el producto catalogado como derivado, como una opción de compra o de venta, están relacionados con lo que hoy quiero exponer en mi artículo. Lo primero que se nos explica cuando estudiamos una compra de opción call en finanzas es que es “el derecho, pero no la obligación, de comprar a un determinado precio fijado de antemano algo, pagando por este derecho una prima“.

Si has aguantado estes dos ladrillos de párrafos, enhorabuena, porque ahora viene la parte clave del asunto. Las finanzas son flujos, pero los flujos son futuros. Al igual que alguien compre un determinado tipo de derivado financiero, puede que a nosotros también nos interese utilizar opciones en nuestra vida cotidiana, o en el mundo empresarial. Es más, es muy probable que el lector ya esté usando opciones de compra, pero no sea consciente de ello.

Por ejemplo, si dentro de 6 meses me voy a ir de vacaciones, pero no es 100% seguro que mi jefe me vaya a conceder las fechas que yo quiero para mi crucero, que zarpa en una fecha determinada y que hay que pagarlo hoy mismo, es posible que me interese hacer uso de una opción. O sea, pagar una “reserva” por mi crucero de 100€ ahora, para poder tener en el futuro la opción de ejercitar mi derecho o no. Si finalmente no puedo ir de vacaciones en esas fechas, sólo habré perdido 100€. Si puedo ir al crucero, pago lo que resta y en paz. Análogamente, cuando uno compra un coche, suele pedírsele al cliente un pago para confirmar la reserva del vehículo. Esta también es una buena forma para el concesionario de no incurrir en gastos de transporte de un vehículo si finalmente el cliente no lo quiere.

En finanzas, la libertad que proporciona el hecho de, mediante un contrato de opción, vincular a dos partes o no, a preferencia de una de ellas, es impagable. Bueno, impagable no; porque precisamente ese es el precio de la “prima” de la que hablábamos en un principio. Y es lógico pensar que si una opción A me da derecho a comprar algo en un futuro por 1000, y otra opción B me da derecho a comprar por 1500, la opción A tenga un precio superior a la B.

Un último ejemplo conocido por todos es el caso que ha llevado en su día al conocido presidente y consejero delegado de ACS, Florentino Pérez, a la presidencia del Real Madrid. Florentino, conocedor de cómo las opciones de compra funcionaban, firmó una opción de compra por Luis Figo, en la cual, pagando de su bolsillo una pequeña parte del valor del precio del traspaso del jugador al FC Barcelona, se aseguraba la opción de que cuando el quisiera, podría comprarlo, vinculando así al Barcelona a hacerlo.

Lógicamente, el Barcelona aceptó en su momento la opción de compra porque era un ingreso directo, y veían con pocas posibilidades a Florentino de hacerse con la presidencia del Real Madrid. Florentino hizo campaña y prometió que, de ser elegido presidente, traería a Luis Figo al Madrid, y lo prometió porque legalmente tenía la opción de hacerlo.

Así que recordemos: la opción, en finanzas, tiene valor.


¿Emprendo con socios o en solitario?

mayo 21, 2013

Muchos ríos de tinta corren sobre el tema emprendimiento hoy día en informativos, libros, conferencias, internet, blogging, prensa… que si promesas electorales por un lado que ayudarán a la creación de tejido empresarial -tan deteriorado por la actual crisis- en cuanto a PyMes, que si incentivos a la creación de empresa nueva para jóvenes que se lancen a la aventura…

No voy a ser yo quien diga lo que muchos creen: si alguien va a ayudar a retomar la senda del crecimiento en medio de modelos de negocio obsoletos e improductivos que no hacen más que descuartizar los recursos del Estado que tanto nos cuesta capta, eses serán los emprendedores. Hecha la introducción pertinente a mi tesis… entremos en materia.

¿Qué es lo mas importante de un proyecto?: ¿La idea?, ¿El modelo de negocio?, ¿El saber ver una oportunidad donde otros no?… Permítenme que lo dude… quizás preguntas del tipo como las que acabo de citar, si acaso no representen el 30 o 40% de la futura supervivencia de una empresa. Entonces, ¿qué es lo que hace un proyecto tenga más garantías que otro de que sobreviva en un entorno cada vez más hostil en cuanto a competencia para una nueva empresa?

El/los promotor/es. El promotor de un proyecto es de largo el factor de éxito (o de fracaso, como algunos apuntan) más influyente en los primeros años para una empresa de nueva creación, y máxime en la actualidad, cuando los proyectos que se abarcan suelen ser de naturaleza no convencional; o sea, que atienden una necesidad que antes no se podía por temas de tecnología o porque nadie antes lo hacía a través de ese modelo de negocio. Quiero hacer esta distinción porque para montar una cafetería, una panadería, una peluquería y similares, no hace falta un modelo de negocio innovador, o alguien con unas competencias por encima del resto; “simplemente bastará” con dar un mejor producto o servicio, o más barato, o más cerca que el de la competencia.

Quizás en su día a mi me hubieran podido dar el plan de negocio totalmente desarrollado en 1000 páginas de Microsoft o Apple pero no lo hubiera implementado ni por asomo como Steve Wozniak o Bill Gates por aquel entonces. En cambio podría aumentar sustancialmente las probabilidades de éxito si alguien me escribe en una hoja cuales son las líneas generales de funcionamiento de un compraventa de coches.

Vale, lo hemos argumentado rápido pero podrá valer: el promotor o promotores de una idea, más si se trata de algo “innovador” en cuanto a empresa, es de lo más importante. Un momento. Promotor… ¿O promotores? Es aquí donde quería hacer hincapié con mi artículo. Hay que tener muy claro con quien se embarca uno en un proyecto, pues es de las decisiones que menos se sopesan y que más trascendencia tienen para la futura empresa.

Algo que se suele escuchar mucho es: “Monté el negocio con fulanito pero al final acabamos separándonos y a mal”. En cambio pocas veces escucho: “Me fue tan bien por libre que me terminé asociando con esta otra empresa y acabó entrando en el capital de mi PyMe”. De esto se deduce que un error típico de los emprendedores es su tendencia a pensar que necesitan lanzar un negocio con más socios cuando realmente podrían hacerlo en solitario. Quizás debido a nuestra naturaleza humana tenemos miedo a quedarnos solos ante el fracaso. O porque pensamos que las penas entre varios se llevan mejor. O porque nuestro socio tiene competencias que nosotros no para fundamentar una ventaja competitiva de la empresa. O porque el proyecto, por dimensión, no es abarcable por una sola persona como único administrador. No lo sé.

Otra forma de no empezar bien un proyecto es ofreciendo entrar al capital de la empresa (poner “pasta”) a un amigo para que nos ayude con la inversión inicial. Mal. Mal porque el socio ya sea un amigo, o vaya a ser administrador de la empresa, o a trabajar en ella, es el recurso más caro, pero de largo. No entiendo cómo muchos no pueden ver esto. Si alguien necesita financiar una empresa debería hacerlo mediante deuda, o intentarlo al menos, antes que escriturar a nadie en el capital. Si lo que necesitamos es un “amigo” que nos deje dinero a medio plazo para echar a andar la empresa, lo que debemos es hablar con un business angel o similares; son empresas/fondos que se dedican a eso y no tendremos que discutir con ellos a la mínima. Y si lo que necesitamos es alguien competente para el cuadro organizativo de la empresa porque el proyecto se nos escapa a la gestión de una sola persona, entonces, contratar.

Me asombra como a poca gente le incomoda la pregunta de: ¿Podrías “pasar” de tu socio y emprender tú solo?. Los que lo tengan claro, adelante y mucha suerte y, los que duden lo mínimo deberían volver a leer el artículo otra vez y preguntarse si lo que quiero es convertir a un amigo en discusiones diarias, o tener que repartir los beneficios en proporción a la participación de mi socio en el capital, o renunciar a  tener el total control de toma de decisiones en mi empresa. 

Imagen | soymarketing.com


El excedente del consumidor, la clave de la rentabilidad empresarial

abril 10, 2013

Generalmente, cuando una venta se produce, es porque según los economistas teóricos se han encontrado oferta (lado de la empresa) y demanda (lado de los consumidores) en un punto P. Hasta aquí estamos de acuerdo pero, ¿todos los consumidores hubieran estado dispuestos a pagar P y solo P por lo que han comprado? ¿O alguno de ellos hubiera estado dispuesto a pagar un poco más por el producto? Si la respuesta a esta última pregunta es afirmativa, nos encontramos con lo que los economistas llaman “el excedente del consumidor”.

Para no aburrir con teorías y gráficos y a riesgo de pecar de no purista de la ciencia económica, pasaremos directamente a un ejemplo que será bastante ilustrativo: Vengo de tomarme un café por 1€ en una cafetería de Santiago de Compostela. ¿Hubiera pagado por él 1.1€? Quizás si. ¿Hubiera pagado 1.3€? Me lo tendría que pensar bastante más. Y… ¿Finalmente hubiera pagado 3.5€ por ese café?. Definitivamente no.

Ahora extrapolemos el ejemplo a un ejecutivo alemán que está de vacaciones o de negocios en España. Tiene más renta disponible para consumo que la media española y tampoco es que le moleste gastarse un poco más ya que simplemente está de paso y sólo será una vez. Posiblemente por 3.5€ él sí se hubiera tomado ese café.

He expuesto dos planteamientos quizás un poco radicales pero que servirán para captar la esencia que subyace al excedente del consumidor: A medida que se eleva el precio de un servicio o bien, menos consumidores estarían dispuestos a pagar por ello, o, dándole la vuelta a la afirmación: si se produce la venta a un precio P igual para todos los demandantes, se perderá un excedente para ciertos tramos de la demanda (recuérdese que el alemán estaba dispuesto a pagar 3.5€ por un café que costaba 1€, por lo que ese excedente de 2.5€ se pierde.

¿Es importante esto? En mi opinión creo que es uno de los mayores determinantes de rentabilidad de gran parte de las empresas de venta al público, ya sean bienes o servicios. El arte de captar esa predisposición de cierto número de consumidores a pagar más por algo, está estructurado hoy día con triquiñuelas de todos los colores. Veremos un par de ejemplos reales que espero que os abran los ojos para identificar este tipo de fenómeno allá por donde vayáis.

Caso Ryanair: La aerolínea vende billetes que le dan derecho al pasajero a ir del punto A al B en avión. Todos llegan a la misma hora, todos llegan al mismo destino y todos van sentados en los mismos asientos. Normalmente en las compañías suele haber la “Business Class” que ofrece asientos más amplios, trato personalizado y servicios complementarios al vuelo para hacer de éste una experiencia más agradable y, de paso, captar parte del excedente del consumidor que se perdería si se cobrase lo mismo a todos los pasajeros.

Pero en Ryanair no pueden inventarse una business class ya que la aerolínea se enmarca dentro de las conocidas como “low cost”. Una de las argucias que suelen idear es la de “embarque prioritario” que significa que podrán entrar antes del resto de pasajeros y sin esperar en cola de embarque. ¿Es esto algo ilegal por parte de Ryanair? No. ¿Es estúpido por parte del consumidor? Tampoco, paga más por un añadido a un servicio estándar. La situación se explica simplemente con la teoría del excedente del consumidor: en el momento que una persona esté dispuesta  a pagar más por algo, las empresas intentarán captar este excedente en forma de servicios adicionales, VIP, complementos, etc.

Otro ejemplo bastante más rebuscado pero que está más cerca de lo que el lector cree es el de los microprocesadores electrónicos. Normalmente, cuando un empresa de componentes electrónicos se llame Intel, NVidia o Samsung saca al mercado una serie de procesadores lo hace estructurado en pongamos por ejemplo 4 o 5 procesadores de diferente velocidad de cálculo. ¿Por qué no saca Intel un procesador solamente?… ¿Qué ocurriría si soy Intel y vendo solo un tipo de procesador a 3.2GHz de velocidad? ¿Acaso estoy con esto dejando de ganar dinero? Evidentemente si. Y eso que no hemos hablado de cuanto sería el precio.

Pero es que como todo, en el momento que existe alguien dispuesto a pagar más por algo adicional (en este caso, mayor velocidad de cálculo), se hará un esfuerzo por tratar de captar el excedente del consumidor. Para el caso de los componentes electrónicos como los microprocesadores del smartphone que tienes a tu lado, se utiliza una práctica curiosa pero efectiva: los procesos de producción para fabricar microprocesadores se basan en fabricar un único producto de más altas prestaciones o características para luego quitárselas a ciertos lotes de producto dependiendo de lo que se necesite para así tener una gama de productos mayor.

O sea, que realmente, Intel fabrica 1000 microprocesadores de 3.2GHz, para luego coger 500 de ellos y “caparle” un mecanismo que haga que la velocidad baje artificialmente, con lo cual, la situación es hasta paradójica porque la empresa a fin de captar el excedente del consumidor, tiene un coste más alto (ya que luego de producirlos, tiene que limitar artificialmente su velocidad) para los productos de menor precio y gama.

Y esto fue, es y será así por los siglos de los siglos, o, al menos, mientras haya gente dispuesta a pagar más que otra por un mismo servicio. Un último ejemplo a modo de reflexión… acaso el lector, que religiosamente paga su tarifa de conexión a internet mediante la cual está leyendo este artículo, ¿cree que a su proveedor de servicios no le costaría lo mismo ofrecerle 1MB, 10MB o 100MB? Efectivamente, le cuesta lo mismo suministrar 1, 10 o 100 MB por fibra óptica… pero ¿por qué no cobra lo mismo si le cuesta lo mismo? La respuesta, es su afán de maximizar la rentabilidad de la empresa haciendo uso del excedente del consumidor.


Irse de alquiler o comprar una vivienda en España

marzo 27, 2013

En muchos países de la Zona Euro, y más puntualmente en España, ha cambiado bastante la situación de los jóvenes desde unos años atrás. Antiguamente, y no hace falta remontarse a tiempos inmemoriales, la tasa de paro juvenil distaba de estar cercana al actual 52%, lo que ayudó a fomentar la salida de los jóvenes en busca de formar una nueva familia o vida lejos de la protección del núcleo familiar.

paro juvenil

Hoy en día, la situación es bien diferente: la media de emancipación española roza la treintena y creo que muchos estaréis conmigo en que quizás parte del cambio de mentalidad pueda venir condicionada por cambios culturales en la sociedad española, pero casi todos tendremos que responder afirmativamente cuando se nos pregunta si creemos que el retraso de la emancipación de los españoles se debe a temas de índole económica. Es aquí a donde quería llegar y desde donde quiero empezar a responder a la pregunta que reza en el título del artículo.

En efecto, y aunque no nos demos cuenta, el momento de la emancipación marcará en gran parte nuestro futuro financiero, por lo que debemos pararnos a analizar la situación actual del mercado y de la economía para poder empezar a dar respuestas.

Y si me voy de alquiler…? “¡Estás tirando el dinero!” “¿Para qué vas a tirar con 400€ de alquiler si por 500€ puedes firmar una hipoteca y pagas una vivienda con la que luego te quedarás?”. Estas dos recurrentes expresiones arraigadas en la sociedad española no hacen otra cosa que poner de manifiesto nuestra incultura sobre conceptos financieros. Pagar un alquiler, como la propia palabra indica, es simplemente hacer un pago, ¿que el próximo mes no tengo dinero? Pues no pago y me voy del piso y todos en paz, ya que no compromete a nadie con nada.

Y si compro…? “!¿Comprar?! ¡Pero si los pisos no paran de bajar!” “No inviertas en pisos, que ahora está todo muy mal”. Bien, el tema de comprar un piso es simplemente eso, comprarla. Pagarla y punto. ¿Qué suele ocurrir en estos casos? Efectivamente, no se tiene el monto total del precio de compra para hacer frente al pago, por lo que se financia la compra. ¿Cómo? Pues con un préstamo hipotecario. Esto ya no es un gasto, es un pasivo, que aunque en principio puedan parecer lo mismo, por la naturaleza de pago de una cantidad, son cosas bien diferentes, ya que un pasivo nos compromete al pago de una serie de cantidades futuras. O sea, que estamos tomando en el momento de la firma de un contrato hipotecario, decisiones que nos afectarán hasta dentro de 35 años.

Pero hay más: el dinero no es gratis, y quien nos lo preste -la banca generalmente- nos exigirá un coste por el hecho de aplazar los pagos y correr el riesgo que no abonemos las cantidades futuras (paradójico, cuando igualmente saben que si el deudor no paga, se quedarán con la propiedad -conocido como dación en pago-). ¿Qué decir sobre esto desde una perspectiva financiera? Solo remitiré al lector a estudiar cómo funciona el sistema de amortización de préstamos francés (el más extendido en el mundo financiero), y para ser más gráficos les remito a este ejemplo sobre una hipoteca. A modo de resumen: con este sistema, las primeras cuotas que pagaremos serán casi íntegramente compuestas por intereses, y en realidad no estaremos pagando nuestra vivienda, con lo que nos podemos encontrar que a los 15 años de una hipoteca a 30, solo llevaremos amortizado un 35% real del bien.

Pero no son todo malas noticias: en la tesitura actual, el mercado inmobiliario está especialmente barato. Y es que desde que ha estallado la crisis, los inmuebles han más de un 30%, y bajando. Si es un buen momento para comprar o no, dependerá de la coyuntura económica, renta personal, zona de compra, etc. Lo que sí que debemos empezar es a saber separar ciertas cosas: la compra de un piso para venderlo esperando a que suba, es una inversión (especulativa) y la firma de una hipoteca es adquirir un pasivo para muchos años.

Ahora bien, si lo que queremos es un hogar para vivir, ¿por qué no irnos de alquiler?. Yo soy de los que piensa que en finanzas, y más en finanzas personales, el valor de la opción es de suma importancia, con lo que si el día de mañana por lo que sea, no quiero seguir en una determinada vivienda, me divorcio, me traslado por motivos de trabajo, no quiero estar 10 años pagando intereses al banco, me aburro de mi casa, me canso de los vecinos, necesito recortar gastos, sube el tipo de interés de referencia, quiero irme a vivir a una casa en la playa, simplemente haré las maletas, y me iré.

Debemos abrir la mente, entender que una casa es para vivir, y no debemos vivir para una casa. Quizás de esto tenemos mucho que aprender de nuestros vecinos europeos, ya que su cultura en torno a la propiedad es diferente a la nuestra, donde la gente corriente vive de alquiler y a nadie se le cae los anillos por eso.

Imágen  20minutos

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