Irse de alquiler o comprar una vivienda en España

marzo 27, 2013

En muchos países de la Zona Euro, y más puntualmente en España, ha cambiado bastante la situación de los jóvenes desde unos años atrás. Antiguamente, y no hace falta remontarse a tiempos inmemoriales, la tasa de paro juvenil distaba de estar cercana al actual 52%, lo que ayudó a fomentar la salida de los jóvenes en busca de formar una nueva familia o vida lejos de la protección del núcleo familiar.

paro juvenil

Hoy en día, la situación es bien diferente: la media de emancipación española roza la treintena y creo que muchos estaréis conmigo en que quizás parte del cambio de mentalidad pueda venir condicionada por cambios culturales en la sociedad española, pero casi todos tendremos que responder afirmativamente cuando se nos pregunta si creemos que el retraso de la emancipación de los españoles se debe a temas de índole económica. Es aquí a donde quería llegar y desde donde quiero empezar a responder a la pregunta que reza en el título del artículo.

En efecto, y aunque no nos demos cuenta, el momento de la emancipación marcará en gran parte nuestro futuro financiero, por lo que debemos pararnos a analizar la situación actual del mercado y de la economía para poder empezar a dar respuestas.

Y si me voy de alquiler…? “¡Estás tirando el dinero!” “¿Para qué vas a tirar con 400€ de alquiler si por 500€ puedes firmar una hipoteca y pagas una vivienda con la que luego te quedarás?”. Estas dos recurrentes expresiones arraigadas en la sociedad española no hacen otra cosa que poner de manifiesto nuestra incultura sobre conceptos financieros. Pagar un alquiler, como la propia palabra indica, es simplemente hacer un pago, ¿que el próximo mes no tengo dinero? Pues no pago y me voy del piso y todos en paz, ya que no compromete a nadie con nada.

Y si compro…? “!¿Comprar?! ¡Pero si los pisos no paran de bajar!” “No inviertas en pisos, que ahora está todo muy mal”. Bien, el tema de comprar un piso es simplemente eso, comprarla. Pagarla y punto. ¿Qué suele ocurrir en estos casos? Efectivamente, no se tiene el monto total del precio de compra para hacer frente al pago, por lo que se financia la compra. ¿Cómo? Pues con un préstamo hipotecario. Esto ya no es un gasto, es un pasivo, que aunque en principio puedan parecer lo mismo, por la naturaleza de pago de una cantidad, son cosas bien diferentes, ya que un pasivo nos compromete al pago de una serie de cantidades futuras. O sea, que estamos tomando en el momento de la firma de un contrato hipotecario, decisiones que nos afectarán hasta dentro de 35 años.

Pero hay más: el dinero no es gratis, y quien nos lo preste -la banca generalmente- nos exigirá un coste por el hecho de aplazar los pagos y correr el riesgo que no abonemos las cantidades futuras (paradójico, cuando igualmente saben que si el deudor no paga, se quedarán con la propiedad -conocido como dación en pago-). ¿Qué decir sobre esto desde una perspectiva financiera? Solo remitiré al lector a estudiar cómo funciona el sistema de amortización de préstamos francés (el más extendido en el mundo financiero), y para ser más gráficos les remito a este ejemplo sobre una hipoteca. A modo de resumen: con este sistema, las primeras cuotas que pagaremos serán casi íntegramente compuestas por intereses, y en realidad no estaremos pagando nuestra vivienda, con lo que nos podemos encontrar que a los 15 años de una hipoteca a 30, solo llevaremos amortizado un 35% real del bien.

Pero no son todo malas noticias: en la tesitura actual, el mercado inmobiliario está especialmente barato. Y es que desde que ha estallado la crisis, los inmuebles han más de un 30%, y bajando. Si es un buen momento para comprar o no, dependerá de la coyuntura económica, renta personal, zona de compra, etc. Lo que sí que debemos empezar es a saber separar ciertas cosas: la compra de un piso para venderlo esperando a que suba, es una inversión (especulativa) y la firma de una hipoteca es adquirir un pasivo para muchos años.

Ahora bien, si lo que queremos es un hogar para vivir, ¿por qué no irnos de alquiler?. Yo soy de los que piensa que en finanzas, y más en finanzas personales, el valor de la opción es de suma importancia, con lo que si el día de mañana por lo que sea, no quiero seguir en una determinada vivienda, me divorcio, me traslado por motivos de trabajo, no quiero estar 10 años pagando intereses al banco, me aburro de mi casa, me canso de los vecinos, necesito recortar gastos, sube el tipo de interés de referencia, quiero irme a vivir a una casa en la playa, simplemente haré las maletas, y me iré.

Debemos abrir la mente, entender que una casa es para vivir, y no debemos vivir para una casa. Quizás de esto tenemos mucho que aprender de nuestros vecinos europeos, ya que su cultura en torno a la propiedad es diferente a la nuestra, donde la gente corriente vive de alquiler y a nadie se le cae los anillos por eso.

Imágen  20minutos

El precio y su subjetividad

marzo 4, 2013

Aunque de lo que os vengo a hablar hoy no sea puramente de finanzas, sí que afecta en gran medida a nuestra toma de decisiones de compra y, por ende, a nuestras finanzas personales. Una vez puntualizado esto, pongámonos manos a la obra.

billete de 10 euros €

Los mercados financieros, tienen la característica de sintetizar toda la información en una magnitud: El precio. El hecho de que hablemos de un mercado al uso, implica que detrás de ese precio hay una demanda y una oferta, lo cual debería garantizar una formación más o menos óptima de precios más o menos óptima y eficiente. Ahora bien, en los mercados de bienes de consumo la información que maneja el consumidor (el lado de la demanda) tiene una naturaleza más sesgada de lo que el propio cliente cree: promociones comerciales, descuentos, venta cruzada, financiación en la compra, y un largo etcétera que contribuyen a empañar la percepción de valor que un cliente hace de un producto, o lo que es lo mismo: se desvirtúa la esencia del precio.

Si aún está atento al artículo el querido lector tras esta siempre espinosa introducción teórica, quizás le apetezca ver lo que yo creo que son dos de las armas que suelen usar las empresas a la hora de presentar su oferta:

1.- La incapacidad del ser humano de discernir cantidades absolutas y relativas.

Es un mecanismo muy simple una vez que te lo cuentan pero es difícil darse cuenta por uno mismo de la gran cantidad de veces que cometemos este “error” y de la que muchas empresas intentan sacar provecho.

En efecto, el ser humano no sabe distinguir entre valores absolutos y relativos, o tiene mucha dificultad para hacerlo. Sino cómo se explica lo siguiente  Muchas personas estarán dispuestas a recorrer 50 km porque la televisión que le gusta de 100€ tendrá una rebaja del 75% en una ciudad cercana, pero pondrá ciertas reticencias a comprar un coche en un concesionario a los mismos 50 km de distancia, porque el coche ha pasado de valer 24500€ a 24410€, una rebaja de 90€.¿Por qué por 75€ en el caso de la televisión si nos movemos pero por 90€ en el caso del coche nos cuesta más?

Yo tengo mi teoría de que la gente le da menos valor a la misma cantidad de dinero conforme la cantidad asociada al descuento o a la mejor oferta es mayor, como ocurre en el caso de compra de un coche, de una casa, o de algo muy caro, sin embargo, muchas veces no es así, y las empresas saben que tenemos problemas para hacer esta distinción. Nos debería dar lo mismo ahorrar 10€ en la compra de un piso de 200.000€ que en un jersey de rebajas, 10€ son 10€. Así de simple y así de difícil de ver.

Otro ejemplo: el precio de la gasolina. Muchas estaciones de servicio tienen un par de céntimos más barato el litro de gasolina y esto mueve a gente que en principio busca el precio más bajo porque el producto es el mismo. Hasta aquí bien. Pero poca gente entra a valorar lo que gasta esperando en la cola a ser atendido, lo caro que están otros servicios anexos al servicio de carburante, lo lejos que le pueda quedar la estación de servicio etc. ¿Por qué tantas vueltas por 1 o 2 céntimos de diferencia, que supondrán 50 cent o 1€ si total nos fundimos 5€ en pedir un postre en un restaurante, o por no querer buscar aparcamiento gratuito y lo estacionamos de pago por 3€? Aquí creo que el hecho de que el precio del producto (combustible) sea tan similar de una estación de servicio a otra, nos hace deducir inconscientemente que una diferencia de medio céntimo o 1 céntimo pueda llegar a ser más significativa de lo que si se comparase en términos absolutos de renta del individuo llegaría a ser.

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2.- La relatividad del precio dependiendo de con qué lo comparemos.

Este es muy curioso y utilizado, se puede observar en grandes superficies o en pequeños establecimientos y se ve mejor con un ejemplo: 4 lavadoras: una básica de 150€, otra con algún extra más, por 200€, una tercera con unas especificaciones técnicas superiores al resto, mucho más moderna y eficiente por 400€, y la última, el último grito en tecnología directamente desde Alemania, con conexión a Internet  con parte meteorológico, y hasta nos informa de cotizaciones de empresas en tiempo real, para que usted no pierda de vista sus acciones mientras programa sus más de 500 programas. Ésta última está en un lugar visible para todo el mundo, en un pedestal, y con vídeos demostrativos al lado, todo ello por tan solo 3000€.

Quién va a comprar una lavadora, que para lo que se quiere, es para lavar la ropa, por 3000€!? Nadie. Ni siquiera está hecha para que se venda. Ni siquiera en la propia tienda tienen más unidades de ese producto. ¿Entonces qué sentido tiene? La lavadora cara está puesta ahí simplemente para que la de 400€, parezca más barata. Si comparamos el grupo de las tres primeras lavadoras (150€, 200€ y 400€) con la súper-lavadora de 3000€, nos será más difícil percibir las diferencias de precio que si solo tuviésemos las tres primeras lavadoras. La tienda en donde obtiene la rentabilidad es en su producto de 400€, y lo “hace barato” ofreciendo uno exageradamente más caro para que el cliente diga: “Yo me conformo con algo normalillo, pero tampoco quiero una chatarra, y como la de 400€ no es cara…”.

Si os parece demasiado rebuscado y que esto realmente no ocurre, por qué no vais a una tienda de electrónica e imagen. ¿Acaso no veis siempre una televisión de tropecientas mil pulgadas en el medio y medio? ¿Realmente creéis que se venden muchas unidades de ella? Es posible que no, ya que su cometido es el de “engañar” nuestra percepción del precio y abaratar el resto de televisores de la tienda.

Así que ahora ya lo sabemos; las empresas tratan de desvirtuar nuestra percepción del valor de los productos, y es por esto por lo que debemos estar alerta en todo momento y decir: ¿Qué estoy comprando realmente y qué valor le atribuyo?


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