Qué es el TAE y apuntes a tener en cuenta.

agosto 27, 2012

Hoy vamos a charlar un poco sobre un tema del que mucho se habla pero poco se sabe. Por lo general, cuando prestamos dinero (lo depositamos en una entidad bancaria) buscamos obtener la mayor rentabilidad, por contra, cuando pedimos dinero prestado, esperamos que nos pidan el menor interés posible.

Sin embargo, cada operación financiera es diferente: en cuanto a plazos, mensualidades, tipo de interés nominal, gastos implícitos, etc… por lo que se hace necesario una única cifra que tenga carácter comparativo entre alternativas de diferentes características. No es gracioso que depositemos nuestro dinero en un depósito al 4% anual en vez de uno al 2,5% anual si después nos van a cobrar comisiones o gastos de cancelación que incrementarán la operación. Como tampoco parece muy intuitivo hablar de tipo de interés del 5% a 6 meses si lo que queremos es compararlo con otro depósito que ofrece un 3% mensual.

Derivado de todo lo anterior, y por ley (Banco de España, 8/1990) aparece la Tasa Anual Equivalente (TAE). Dicha tasa pretende homogeneizar toda operación a una base anual para poder compararlas, además de incluir en su cálculo gastos de apertura y cancelación. No incluye gastos de corretajes, o honorarios de notarios por formalizar en ocasiones las escrituras. Bien, ahora ya sabemos que se pueden comparar opciones a la hora de tomar una decisión sin saber mucho de finanzas, basta con elegir el mayor TAE para un depósito o el menor TAE para un préstamo.

A modo de ejemplo, vayamos a la web del banco ING, y de entrada nos encontramos con este cuadro:

Interesante pero… si el TAE me ayuda a comparar… porqué según el plazo y el capital mínimo me ofrecen diferentes rentabilidades? Bien, pues aquí reside la clave del asunto. Al estar hablando de TAE podemos evaluar y ver rápidamente cuál de estas opciones se adapta mejor a mis necesidades. Tampoco están intentando engañar a nadie; es normal que los inversores exijan más rentabilidad a mayor cantidad de dinero y a mayor plazo. Si solo mostrasen el interés nominal mensual podríamos pensar que el depósito a 6 meses es el más rentable, pero sólo lo es durante 6 meses. El de 12 meses, aunque menos rentable mensualmente, al darte 12 pagos, en términos absolutos nos estará dando una mayor cantidad de dinero. De ahí que el TAE sea mayor.

Repito, no tenemos que mirar el tipo de interés, tenemos que mirar el TAE para comparar. Ahora vayamos a otro ejemplo, a la web del BBVA y nos topamos con este depósito:

En este otro ejemplo lo que tenemos es un tipo de depósito en el cual al 4º mes cambia su retribución, disminuyendo del 2.45% al 1.5%. Casi nada. Aunque nos lo ofertarán diciendo que es un depósito ANUAL al 2.45%, el caso es que solo ofrece esa rentabilidad anual LOS 4 PRIMEROS MESES. Es un intrincado juego de conceptos, pero aunque estemos hablando de una Tasa ANUAL Equivalente, no significa que esa rentabilidad tenga que durar un año, es solo que el producto se referencia una base anual en base a la Ley para poder establecer comparaciones, aunque a veces pueden terminar liando más de lo que ayudan.

Entonces, lo mejor es sentido común y revisar todo lo relativo a un préstamo o depósito, o en general, cualquier operación. La TAE está bien para comparar pero productos pero siempre con una misma base temporal. Es preferible un depósito a 12 meses con un TAE del 4,5%, a uno de 1 mes con un TAE del 10%. Aunque nos de mayor rentabilidad solo lo hace durante 1 mes, por lo que acabamos ganando menos.


¿Qué es un plan de jubilación y qué es un plan de pensiones?

agosto 19, 2012

Aunque generalmente usamos los términos “plan de pensión” y “plan de jubilación” indistintamente, lo cierto es que aunque el principio básico que rige su funcionamiento sea el mismo, mantienen características bastantes diferentes. Y es que, en efecto, ambos productos están pensados para que, una vez llegado el momento de jubilación de una persona, tenga facilidades para seguir manteniendo su calidad de vida aunque ya no trabaje. O sea, que los planes de pensiones y jubilaciones complementan cuantitativamente la paga que el Estado efectúa una vez nos jubilemos.

Ahora que sabemos qué tienen en común, veamos sus principales características diferenciadoras:

Para empezar, decir que los planes de pensiones son los que más extendidos están en España frente a los planes de jubilaciones y aparecen en el ordenamiento jurídico con la promulgación de la Ley 8/87 de 8 de junio de 1987, con lo que son un instrumento relativamente reciente. Son gestionados por instituciones financieras, ya que los planes de pensiones son una parte de los fondos de inversión, cuya composición de activos es muy variopinta, lo cual se traduce en que no garantizan una remuneración fija.

Como principal desventaja cabe citar su escasa liquidez, ya que solo en caso de excepciones muy puntuales (fallecimiento, paro de larga duración o enfermedad grave), se podrá rescatar el dinero antes del momento de la jubilación. Las aportaciones al fondo serán periódicas pero podrán ser mensuales, trimestrales, anuales… e incluso se podrá suspender la cuota temporalmente, a gusto del inversor. Incluso se podrá meter en un determinado momento una gran cantidad de dinero en el plan de pensiones, pero siempre sabiendo que únicamente los primeros 8000€ anuales producirán desgravación fiscal. El mismo caso pero a la inversa cuando nos jubilemos; podremos recibir todo en un único pago o bien en fechas periódicas.

Y en cuanto a su tratamiento impositivo, una vez que nos jubilemos, el dinero que hemos ido aportando al plan se entiende que ya ha ido tributando como renta del trabajo, con lo cual, únicamente hemos de pagar impuestos por las cantidades que nunca hayan tributado por la declaración de la Renta.

Bien, vayamos con los planes de jubilación. Son instrumentos gestionados fundamentalmente por las compañías aseguradoras. Su ventaja estriba en la liquidez: se puede retirar el dinero antes de la jubilación si se quiere, aunque a veces pagando unos gastos de cancelación; tendremos que estar atentos a este detalle a la hora de firmar un contrato de este tipo. El sistema de aportaciones por cuotas también es mensual, semestral, anual, etc. según nuestras necesidades.

Como punto débil de esta modalidad de plan, no podemos desgravar nada de las aportaciones que realicemos. Lo que sí se nos permite es pagar únicamente por los ingresos por intereses que genera nuestro dinero, ya que el resto de lo aportado al plan se entiende que lo hemos generado de nuestro trabajo y ya ha tributado previamente en la declaración de la Renta.

Atendiendo a su rentabilidad, aunque fija, suele ser menor que la “ofrecida” por los planes de pensiones en concepto del menor riesgo que se asume.

A modo de resumen, y trivializando la comparativa, podemos decir que los planes de pensiones tienen mayores beneficios de tratamiento fiscal, pero una liquidez muchísimo menor que su competidor, los planes de jubilación, que, además, ofrecen una retribución fija aunque pequeña. Entonces es de suponer que si alguien no goza de gran estabilidad financiera o personal, y además no le preocupe no desgravar sus aportaciones, se decante por un plan de jubilación. Y por el contrario, si puede asumir cierto nivel de riesgo, sabe que su jubilación estará cerca o tenga la suficiente certeza de que no va a necesitar el dinero hasta su jubilación, los planes de pensiones son su producto.

[Esta entrada fue originalmente publicada en QueAprendemosHoy.com, blog con el que colaboro mensualmente.]


¿Qué es el coste de oportunidad?

agosto 13, 2012

Todos y sin excepción, manejamos este concepto a la hora de tomar decisiones tanto a nivel personal, como de de inversión, como de elección de proyectos. Veamos de qué se trata:

El coste de oportunidad es el precio que pagamos por dejar de hacer algo. Si en vez de comer un bocadillo de jamón serrano opto por un sándwich de Nocilla, al beneficio que me reporte zamparme ese sándwich tendré que restarle el beneficio que podría haber obtenido por comerme el de jamón. Parándonos a reflexionar sobre el asunto, nuestro comportamiento diario se traduce en optar siempre por la alternativa que minimice nuestro coste de oportunidad.

¿Aún no está claro? Supongamos que te gusta más ir de viaje a Canarias que a Madrid. Sólo puedes elegir una de las dos opciones. Bien, pues escojas la que escojas va a haber un coste de oportunidad implícito (el coste de la alternativa que dejamos de hacer), pero siempre elegiremos la opción que suponga un menor coste de oportunidad. Si ir a Madrid me reporta 1000 unidades de felicidad (obviemos la gran simplificación) y el viajar a Canarias 1500 unidades resulta que:

Primera opción: viajo a Madrid: 1000 – 1500 = -500 (1000 que disfruto por ir menos 1500 que dejo de disfrutar)

Segunda opción: viajo a Canarias: 1500 – 1000 = 500

 O sea, que aun disfrutando del viaje a Madrid, si pienso en lo que me estoy perdiendo o en lo que podría estar disfrutando, no me satisface tanto como el ir a Canarias. Trato de minimizar mi coste de oportunidad.

Bien, ahora, otro ejemplo más en relación con el mundo de la economía. Resulta que yo monto un pequeño comercio en el cual trabajo como empleado. A mis ganancias mensuales, debería restarle como mínimo, el salario mínimo interprofesional, pues, podría estar cobrando eso si estuviese trabajando en otro lado, ya que es a lo que renuncio.

Otro ejemplo. Imaginemos que tenemos una casa propia. El mero hecho de vivir en ella  y no alquilarla ya supone incurrir en el coste de oportunidad de lo que se podría estar ganando si se le alquilase a un tercero.

Y ahora un último ejemplo que es a donde me interesa llegar. El dinero parado también representa un coste de oportunidad. Si lo tenemos debajo del colchón estamos dejando de ganar (perdiendo) los intereses que nos podrían pagar por depositarlos en una cuenta de ahorro. También quien tenga dinero en una cuenta de ahorro remunerada al 2% tendrá que restarle lo que podría estar ganando en una alternativa más rentable, como por ejemplo, acciones que tienen un rendimiento de un 5%.

Y para terminar, ten en cuenta que en el momento que has decidido emplear 10 minutos de tu tiempo a leer este artículo has renunciado a otras muchas cosas. Esas cosas suponen un coste de oportunidad, que, por otra parte, espero que haya sido una sabia decisión renunciar a ellas en detrimento de leer estas palabras.

Imagen: Krlitous

¿De qué va esta crisis?

agosto 6, 2012

Muchas cábalas se hacen sobre qué medidas se deberían tomar para salir de donde estamos. Mucho se cuestionan las actuaciones del Gobierno nacional ante la crisis. El debate es necesario, nos ayuda a comprender la situación y a reflexionar sobre los hechos. Pero creo que estamos pasando algo por alto.

Mi apuntes es: ¿Porqué no dejamos de hacer quinielas sobre qué deberíamos hacer y nos centramos en ver cuál es el problema? ¿Alguien sabe realmente de qué va todo esto? Os responderé: NADIE.

Y ese es el verdadero problema. Nadie sabe dónde hemos fallado. Si se le pregunta a alguien por la calle te dirá: “La culpa es de los mercados”, “Culpa de los banqueros”, “Culpa de los especuladores”, “La prima de riesgo”, “Los capitalistas”, “El euro es el culpable”, “El gobierno”, “Viene de herencia política”, “Nuestro sistema educativo”, “Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”, “La culpa es de Merkel”, y un muy largo etc que lo único que viene a confirmar es que nadie sabe cuál es el auténtico problema.

Si hacemos memoria, al principio todo el mundo culpaba a las hipotecas subprime (ahora alguien habla de ellas?), y también se hablaba de una gran crisis de liquidez. Se inyectaron miles de millones para estupideces que aún estamos pagando en concepto de déficit desorbitado. Se malgastó el dinero en reactivar a un enfermo que tenía otros problemas.

Además se dijo que la demanda estaba contraída, porque el consumo (una de sus componentes macroeconómicas) estaba en horas bajas. Más tarde se culpó a las extrañas y malignas fuerzas que mueven los mercados como culpable de la crisis, pasando por echarle la culpa a la subida de las materias primas. Hubo también oportunidad para culpar a que ahora parte del pastel  se lo llevan los BRIC (Brasil-Rusia-India-China).

Luego se dijo que la crisis no era solo financiera, sino también económica. La deuda se puso en el punto de mira -nadie hasta entonces se cuestionó su solvencia!! (gracias, agencias de ráting!)- y fueron cayendo países como piezas de dominó. Ahora  se habla de la prima de riesgo, y que la culpa en particular en el caso de España fue debido a nuestra estructura de gasto, de salud pública, de sistema político.

Bien, todo esto lo único que sirve es para poner de manifiesto nuestra incompetencia para entender que hemos sido superados por la situación. No he visto a nadie pronunciarse en primera persona diciendo: “Mi parte de culpa de la crisis la tengo por no pagar el IVA con facturas falsas” o “Creo que si yo como político no  hubiera despilfarrado millones en cosas improductivas nos hubiera ido mejor” o tal vez un simple “No debí haber aceptado una hipoteca por encima mis posibilidades”.

Sé que es algo propio del ser humano empezar a mirar los defectos del resto antes que los propios pero creo que es necesario un ejercicio de conciencia que debería empezar por uno mismo.

¿De las posibles medidas a tomar sin saber el problema? Qué tal si empezamos por reducir el paro, facilitar la incorporación en la educación de estudiantes a empresas, combatir el fraude y formarnos un poco más en economía en detrimento de otras cosas que quizás no sean -visto lo visto- tan importantes? O también podemos seguir otros 4 años dando palos de ciego.

Imagen: tarotyvidenciadevita.com (muy al caso)

¿Qué es el dividendo?

agosto 3, 2012

Hoy veremos un concepto del escuchamos hablar todos los días pero que seguro que no tenemos claro todos sus detalles e implicaciones. El dividendo.

El dividendo es una parte del resultado del ejercicio (lo que ha ganado o perdido por su actividad una empresa durante un año). La cantidad de ese resultado a distribuir está sujeta a una serie de condiciones, tales como que primeramente se deberán dotar (meter dinero en) las reservas obligatorias de la empresa (reserva legal y reserva estatutaria) y luego se aprobará en Junta General de Accionistas el total de dividendo a repartir.

Generalmente, una empresa puede repartir dividendo las veces que quiera durante el año, cargándolos a resultado pasado o al resultado de ese mismo ejercicio, con lo cual puede ocurrir que una empresa reparta parte de su resultado a sus accionistas antes de terminar de contabilizar el mismo.

Resumamos esto en un ejemplo: Una empresa formada por 100 acciones de la cual somos poseedores de 5 de esos títulos aprueba en Junta repartir en mayo de 2012 una parte de los 3000€ de resultado del 2011. Si dividimos 3000€ entre el número de partes del capital de la empresa (100) tenemos 30€/acción de dividendo, lo que implica que si tengo 5 de esas acciones embolsaré 150€.

Y podemos pensar: ¿Y si compro las acciones el día antes de que repartan dividendo, y las vendo el día después? Bien, legalmente hay un período previo y otro posterior en el cual si se compran acciones de la empresa, no se tiene derecho a recibir dividendo. Suelen ser pocas semanas y se hace así para evitar altas volatilidades (mucha variación) en el precio de cotización de la empresa.

Bien, además, para mí como inversor, tienen la ventaja de que puedo ingresar dividendos anualmente hasta un máximo de 1500€ sin que tenga que pagar impuestos sobre ellos. Esto contrasta con el 18% que se graba sobre las plusvalías de la compra-venta de acciones.

Como veis, repartir dividendos es una forma de pagar al accionista por su inversión en la empresa. Es por eso que existen muchas empresas con una clara tendencia histórica a repartir beneficios entre su accionariado, llegando incluso a repartir un dividendo del 10% anual (si tengo 100€ en acciones de X empresa, me darán 10€ por ellas anualmente).

Pero no se trata simplemente de repartir beneficio; un dividendo alto atrae inversiones pero descapitaliza la empresa (vale menos, pues reparte su dinero entre los accionistas) y significa que quizás no deba repartir tanto y debería reinvertir su beneficio en la empresa para ganar aún más. Y por contra un bajo o nulo dividendo puede hacer que la empresa no logre captar la atención (y el dinero) de los accionistas, o dé imagen de que no es capaz de generar liquidez en sus operaciones.

Como veis, se acaba de repartir en Santander 15 céntimos de € por cada acción que se posea (a unos 4,85€), aproximadamente un 3% de rentabilidad sobre lo invertido, que ya es lo que nos ofrece una cuenta corriente. Pero esto es renta variable, y siempre hay que actuar con cautela.

Imágen: Fuera de Bolsa  | Gráfico: Expansión.com

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